sábado , 19 septiembre 2020
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La opinión, Francisco Javier Vázquez Burgos


El grito

Oficialmente se celebra el Grito de Independencia por primera vez el 16 de septiembre de 1825, siendo presidente de la República Guadalupe Victoria, cuyo verdadero nombre era José Miguel Ramón Adaucto Fernández Félix; en esos días previos, agosto, se registra un brote de sarampión por lo que el gobernador del Distrito y el cabildo de la Ciudad de México acuerdan reducir las celebraciones para evitar contagios, con lo que concuerda el Presidente, quien ordena que se publiquen reglas para que las celebraciones se cancelen en la noche y no operen licorerías.

Eran tiempos de efervescencia política, de mostrarle a España que había un rechazo a su regreso, en el cual existían, por ello las manifestaciones cívicas eran importantes, además de que era una forma de demostrar que los mexicanos merecían la libertad que gozaban, pero a pesar de ello se priorizó la salud; ni el Presidente ni el Cabildo ni el Gobernador tenían interés en lucirse en un acto que era netamente del pueblo.

Qué contraste, hombres de elevado espíritu, defensores de la patria, no gustaban del alabo fácil ni del lucimiento; en contraparte, un hombre de mirada corta, manipulador, supo aprovechar el odio de los mexicanos en contra de los saqueadores priístas y panistas que gobernaron la nación, y en plena pandemia, con más de 44 mil muertos, en su afán de lucimiento y cual niño malcriado y caprichoso, insiste en celebrar el Grito de Independencia.

Mientras prepara su fiesta la economía se cae, es un desastre como en los tiempos del PRI y del PAN, aunque diga el hombrecillo que estamos saliendo de la crisis. El PIB puede caer un 18 por ciento; el desempleo es terrible, han cerrado sus puertas miles de restaurantes, hoteles, bares; han sido despedidos 60 mil de burócratas y ocho mandos medios. Se estiman en diez millones los empleos formales e informales perdidos.

En materia de salud, ni el presidente ni el simpático de Gatell saben que hacer y, es cierto, aunque gran parte de la culpa la tenemos los ciudadanos por no respetar la sana distancia ni usamos el tapabocas como nos recomiendan, lo que es cierto también es que no hay una estrategia audaz, no se animan a utilizar tratamientos alternativos, pareciera que para ellos no es importante salvar vidas, pensarán que se quitan de encima responsabilidades de pensiones al morir los ancianos, y obligaciones de brindar servicio médico especializado a enfermos que son otro blanco del Covid.

El hombrecillo siempre se compara con los grandes hombres que nos dieron patria y que se preocuparon por darle derechos y libertades a la nación que permitiera a los mexicanos alcanzar mejores niveles de vida; si esos grandes hombres vivieran se decepcionarían al ver la actuación del que quiere dar el grito con antorchas; como si el país no estuviera lo suficientemente caliente con 44 mil muertos y 10 millones de personas sin empleo.

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