sábado , 24 septiembre 2022
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Homilía, domingo 25 de Octubre

 image¿Cuál mandamiento es el más importante?

En su caminar histórico, Jesús se encontró con muchas personas, afrontó diversas situaciones y respondió a múltiples interrogantes vitales. Ahora, el Evangelio de Marcos 12, 28-34 nos narra, que un escriba, un estudioso de la palabra de Dios, se acerca a Jesús, lleno de curiosidad, para hacerle una pregunta, una situación que le preocupaba.

El tema ventilado, en una sociedad extremadamente religiosa, y que se había complejizado en sus estructuras, era candente.

El escriba pregunta: “¿cuál es el primero de los mandamientos?”. Hay mandamientos muy importantes en la religión judía, los cuales eran valorados y cumplidos por la mayoría de los creyentes; a saber: el descanso del sábado, las normas de pureza social y alimenticia, la visión del templo y su sacralidad, la participación en las grandes festividades, y otros.

Es un momento importante y, hasta cierto punto, lleno de tensión y curiosidad. Jesús se encuentra con un profesional de la Ley israelita. Ambos se escuchan y se alaban mutuamente. Un gesto mutuo de educación y cordialidad.

Con esos presupuestos, ambos pueden recorrer juntos un largo camino de experiencia de Dios (Primer Mandamiento) y apertura hacia el prójimo (Segundo Mandamiento). No olvidemos que Jesús sigue siendo un buen judío.

Es claro que no hay dificultad en establecer el orden jerárquico de la Ley: amor a Dios y amor al prójimo. El problema estriba, más bien, en acertar quién es el prójimo y cómo se le debe amar.

Como es su entendible esencia, el Evangelio de Marcos no pretende resolver el asunto desde el punto de vista de las teorías o de los grandes principios éticos. Pero sí nos indica con claridad la manera cómo Jesús concretiza, en el día a día, su encuentro y su amor al prójimo, porque Cristo ama y conoce a Dios, su Padre.

EL CURA DE ARS EXPLICA EL MANDAMIENTO

El Santo Cura de Ars nos ilumina con su experiencia y responde con su atinada sencillez a la pregunta del escriba: “Si me preguntan ahora qué es adorar a Dios, se los digo. Es, a la vez, creer en Dios y creer a Dios. Fíjense en la diferencia que hay entre creer en Dios y creer a Dios.

“Creer en Dios, que es la fe de los demonios, consiste en creer que hay un Dios que premia la virtud y castiga el pecado… Niegan la existencia de Dios y, en su ceguera y frenesí, se atreven a sostener que después de este mundo no hay premio ni castigo… vayan a interrogar a un poseso, y él les explicará lo que deben pensar de la otra vida. Les dirá que el pecado es castigado y la virtud recompensada.

“Creer a Dios es reconocerle como tal, como nuestro Creador, como nuestro Redentor: es tomarle como modelo de nuestra vida, es reconocerle como Aquél de quien dependemos de todas nuestras cosas, ya sea en cuanto al alma, ya sea en cuanto al cuerpo, ya en lo espiritual, ya en lo temporal. Es conocerle como Aquel de quien lo esperamos todo y sin el cual nada podemos.

“Vemos en la vida de San Francisco que pasaba noches enteras sin hacer otra oración que ésta: ‘Señor, Tú lo eres todo, y yo no soy nada: eres el Creador de todas las cosas y el Conservador del universo, y yo no soy nada’.

“Adorar a Dios es ofrecerle el sacrifico de tono nuestro yo, o sea, someternos a su santa voluntad en las cruces, en las aflicciones, en las enfermedades, en la pérdida de bienes, y estar dispuestos a dar la vida por amor, si ello fuese preciso”.

¡Oremos a Dios por nuestros fieles difuntos!

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