martes , 16 enero 2018
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Opinión, Héctor Manuel Rea Huicab

Desatada…

Los últimos acontecimientos violentos que sacudieron a Campeche nos obligan sin duda a la reflexión estratégica, no a la viceral, para emprender acciones que contribuyan a mejorar la seguridad de nuestra tierra, de nuestras familias y de todos quienes habitamos en esta parte de la geografía nacional.

Y hablo de estratégica porque los apuntes sustentados en intereses personales o en el sarcasmo fácil no abonan en nada a la seguridad y si contribuyen en mucho al enrarecimiento del ambiente que de continuar en esta misma dirección amenaza con ser más hostil.

Apenas el Sistema Nacional de Seguridad Pública había reiterado a Campeche como la entidad con menor incidencia delictiva en México y de que el Gobernador Alejandro Moreno ratificara su compromiso para fortalecer las medidas para seguir siendo el estado más seguro, cuando fuimos sacudidos por una oleada delincuencial que se desato con asaltos a tiendas de autoservicio, farmacias, transeúntes y una serie de acontecimientos a los que los campechanos no estamos acostumbrados y más nos valdría no acostumbrarnos.

Las evidencias oficiales podrían decirnos que la seguridad de Campeche es una prioridad con la entrega de equipos, cámaras de vigilancia, patrullas y demás elementos por más de 71 millones de pesos en los primeros 100 días de gobierno, pero los hechos violentos que ocurren en diferentes partes del estado obligan a la duda y desconfianza del ciudadano.

La lucha permanente de percepción contra realidad es una constante en esta materia entre gobernante y gobernado pero cuando amanecemos con la noticia de que un ciudadano como don Alfredo fue secuestrado y asesinado en el municipio de Escárcega, los segundos empiezan a ganar la partida.

La tierra se empieza a volver más fértil para los agoreros, para quienes hace apenas unos meses muchos de ellos se llevaban a la bolsa cantidades insultantes de recursos y por consecuencia lógica desean cada vez más secuestros, homicidios y asaltos porque son su tarjeta de presentación para sentarse a negociar sus antiguos beneficios. La tierra se vuelve más fértil para quienes profesan una corriente política diferente y también para quienes idolatran una figura de bronce creada e inflada para el beneficio de unos cuantos.

No les importa el dolor ajeno, no les importa en realidad la pérdida de una vida o de los bienes de alguien que haya sido agredido de esa delincuencia que como garra de tigre arrebata lastimando a su víctima. A ellos solo les importa la oportunidad de negociar sus beneficios.

Los acontecimientos violentos y de inseguridad que nos afectan deben de ser combatidos de frente, porque los campechanos no queremos un estado inseguro, porque queremos seguir viviendo en paz y esa es responsabilidad del gobierno porque es el quien cuenta con los recursos para ello.

Sabemos perfectamente cuál es su obligación, pero ¿acaso sabemos cuál es la nuestra?, que nos corresponde como ciudadanos hacer para que Campeche siga siendo una entidad segura, para que continuemos transitando calles tranquilas, pero sobre todo, para que podamos exigir con calidad lo que nos merecemos.

Porque no es con comentarios sarcásticos en alguna red social como abonaremos a la paz, porque no es desfogando irracionalmente nuestras frustraciones muchas veces desde cuentas falsas como apoyamos para que la inseguridad no continúe. Abonemos a la seguridad si es que realmente la queremos.