martes , 16 enero 2018
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Opinión, Héctor Manuel Rea Huicab

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Resignifiquemos…

Han transcurrido 475 años de la fundación de San Francisco de Campeche, 475 años de historia que nos marca que el momento de resignificar nuestra identidad ha llegado para darle el justo valor a cada uno de los elementos de nuestro devenir porque hoy podríamos parecer un pueblo sin memoria o que se avergüenza de su raíz, que se avergüenza de su esencia.

Porque solo de esa manera podemos entender que continuemos “celebrando” en un monumento que nos recuerda la llegada de la espada y la cruz como instrumentos letales de sometimiento y exterminio de una cultura que brillaba y aportaba para su propia grandeza.

Porque solo de esa manera podemos entender que nuestra identidad de campechano este construida dejando de lado el punto de emergencia de lo que somos y de lo habitaba desde siempre esta noble tierra porque no vemos dentro de esta identidad el pasado histórico que represente a nuestra cultura madre.

Hoy el momento histórico nos exige como hijos de Campeche, el verdadero Campeche, resignificar nuestra identidad, darle una nueva cara que permita a las generaciones futuras comprender lo que somos y porque.

Para que las generaciones futuras les deje de llamar “Piratas” a su equipo de beisbol, “Corsarios o Cañoneros” a los de futbol o “Bucaneros” a los de basquetbol, para que cada vez haya menos restaurants con nombres de “Lorencillo” porque aprendieron que si bien los piratas forman parte de un episodio de nuestro pasado, este es un pasado que lastimó y avasalló y que hacer lo que hoy hacemos es tan absurdo como si Mandela le hubiese hecho un monumento a quien injustamente por años lo encarceló.

Salgamos de las murallas que nos aprisionan derribémoslas, pero no a esas monumentales que engalanan y dan valor a nuestro Patrimonio de la Humanidad, sino a las que nos mantienen como rehenes en nuestra forma de actuar.

Dejemos de ser a pies juntillas el producto de esta historia de bronce que nos hace celebrar y conmemorar muchas veces sin sentido real o con omisiones en exceso para actuar como una sociedad vana con un sentimiento de arraigo y pertenencia equivocado porque su identidad no ha sido resignificada.

Exhumemos nuestro pasado para darle vida a nuestra esencia, analicemos, comparemos, estudiemos para destruir y reconstruir nuestra identidad, para transformar nuestros paradigmas para ser una nueva sociedad que comprenda en realidad de dónde viene y hacia dónde va.

Porque no nos podemos quedar con locuras como “campechanidad” que ni siquiera existe o con un simple mes de la campechanía en el que recordamos el aniversario de la fundación de lo que hoy es Campeche en el que por todos lados veamos festivales escolares y oficiales con menores y adultos portando lo que llaman trajes de campechano y de campechana porque eso no es todo, forma parte sí, pero no es todo como por años hemos permitido creer.

Observemos a nuestros vecinos, aprendamos de ellos o de quienes tengamos que hacerlo para mejorarlo, resignifiquemos nuestra identidad porque como campechanos, como hijos de esta tierra simplemente nos lo merecemos.