martes , 21 agosto 2018
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La otra opinión, Francisco Javier Vázquez Burgos

Francisco Vazquez Burgos

Imposición

La imposición del pupilo más adelantado del secretario de Hacienda, Luis Videgaray,  en la dirigencia nacional del PRI,  el ex director general de la Comisión Federal de Electricidad, Enrique Ochoa Reza, es un claro  indicador de que en el PRI continúan las prácticas caciquiles más retrogradas, con visiones unipersonales, sin importar las consecuencias electorales para el PRI y financieras para los mexicanos.

Considerando la crisis de credibilidad que vive el PRI y que se reflejó en los pobres  resultados electorales  de la jornada pasada, y dada la cercanía con  el cambio presidencial en 2018, se esperaba que llegara a ese cargo una persona que respondiera a los retos y a las exigencias del momento político y no un “Don nadie”  de la política.

Todos pensaron que llegaría una persona  prestigiada, con experiencia en el trabajo  directivo, con capacidad para aglutinar a los liderazgos,  que pudiera garantizar  triunfos electorales, que pudiera ser contrapeso del  mal trabajo de los gobernadores y de los efectos  de las reformas estructurales, pero en vez de ello enviaron a un sujeto que  cuando quiso ser consejero electoral hasta renegó del PRI, alguien sin militancia,  que ni siquiera reúne los requisitos de la convocatoria para ser presidente, lo que ya motivó que impugnen su  registro.

Cuando se hablaba  de darle oportunidad  a caras nuevas  no se referían  a sacar a un tipo del sombrero, sino a alguien de segunda línea con capacidad para  jugar en la primera, y es que eso es un error, a esas acciones  repentinas sólo se presta un títere, no un político de valía.

Es de dudarse que  Ocho Reza,   garantice triunfos cuando  no conoce siquiera el área  física del PRI, ni que decir de su operatividad, pero habrá que esperar las elecciones del 17 para calificar su trabajo, lo grave para el PRI es que puede ser tarde.

El encarecedor de la energía eléctrica de ayer y hoy dirigente del PRI,   no garantiza unidad;  los priístas, incluyendo a sectores,  Senadores, Diputados y organismos, aunque aparentemente adoptaron la postura de sumisión, y hasta virtudes ya le encontraron a Ochoa, en realidad están enojados, y no van a seguir a alguien que no conocen y que no le reconocen méritos, a menos que cuenta entre los  puntos de Ochoa  haber dejado a la Comisión Federal de Electricidad quebrada.

La imposición de Ochoa se  vio muy forzada, el viernes nadie lo conocía y el lunes amaneció presidente del PRI,  y eso aunque no cayó bien entre los priístas,  ninguno va a arriesgar su status quo por defender la democracia; saben que pueden perder la presidencia y mejor se dedican a aprovechar lo que resta de  la administración para acumular riqueza. El triste despertar, resultado de un mal sexenio,  no les importa.

El único que piensa que puede ganar  la presidencia es Videgaray, quien está apretando a los ambulantes e informales de todo el país para que sus estadísticas de ingresos reflejen puntos positivos y  se  pueda vender mejor su  añorada candidatura.  Lo que ocurre es que  Videgaray,  y quien le da cuerda, no se percatan de la realidad, están más cerca de la derrota que  del triunfo y se siguen alejando.

La imposición, y el escenario en que se da,  resultan tan confusos, inentendibles,  que las historias más inverosímiles ya se  construyen. Se rumora que  el movimiento de la CNTE es manipulado por un ala del mismo sistema, y parecía disparatado, pero ahora no lo parece tanto; con el nuevo escenario esta idea cobra fuerza y pareciera que la intención era golpear al secretario de gobernación,  Miguel Ángel Osorio Chong, bajarlo de la candidatura.

Los golpes fueron dos, el primero fue entorpecer los reclamos de la parte económica de la CNTE para impedir que se arregle el conflicto y prolongarlo lo suficiente para exhibir a Osorio como incapaz;  el segundo golpe fue aprovechar el movimiento de confusión, de protesta y las derrotas electorales para apoderarse del PRI, desde donde podrá influir en las designaciones de las candidaturas, incluyendo la presidencial. Videgaray maneja las finanzas del país y los dineros del PRI, que no será poco si consideramos  que es el partido más votado.

Ulises Ruíz, ex gobernador de Oaxaca fue el único que se atrevió a cuestionar  el nombramiento, y vaticinó que esas decisiones al más puro estilo del viejo PRI lo  encaminan a la derrota.

El discurso de Ochoa durante su registro incrementó las sospechas de  poca capacidad política.    Hablo de transparencia, de cambio, de análisis y de autocrítica.

La boca no debe pararle de sangrar, y es que su nombramiento fue tan transparente que ni lo  vieron venir los priístas, menos Osorio Chong, que distraído con la CNTE, poco puede hacer, mientras que el responsable de la crisis de la nación se consolida en el PRI, aunque se encamine a la derrota.

Habló Ochoa de autocrítica, si lo hiciera de verdad  el tema es su nombramiento sería bueno  que  se abordara, para empezar; también se preguntó qué se hizo mal para  haber perdido siete de  12 gubernaturas, con que vea en un espejo lo que  sucede con su nombramiento se lo puede responder, y en la autocrítica debe incluir revisar los malos resultados de sus gobernadores que saquean impunemente sus entidades, sin que la Federación mueva un dedo, como Veracruz, Quintana Roo, Tamaulipas y Chihuahua.

Sólo un cínico se atreve a hablar de cambio, transparencia, cuando está siendo beneficiado, por un caduco PRI, con las prácticas más despreciables  de la democracia: la imposición y la falta de mérito.

Lo que mal empieza, mal acaba, Ochoa empezó mal,  terminara peor. Al tiempo.