miércoles , 18 octubre 2017
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Homilía, domingo 8 de febrero

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CURACIÓN PROHIBIDA

En el pasaje del Evangelio de este domingo, Marcos (1,29-39) nos narra que Jesús todavía sigue viviendo el espacio temporal del sábado, día sagrado judío. Entra a la casa de Pedro, donde se encuentra enferma la suegra. Ella sufre fiebre. Puede morir, pero es sábado. En sábado hay restricciones para actuar, pero ella no puede descansar.

Un rabino judío jamás se hubiera dignado acercarse a una mujer, menos en sábado, y aún menos imaginable que la tocase con la mano. Jesús no pone en cuestionamiento estas reglas, sino que las invierte.

La mujer está tumbada, pero Jesús la levanta. Jesús aplica un dicho que va a decir después: El sábado se hizo para el hombre, no el hombre para el sábado. Los fariseos, empero, no comparten esa cultura humanista. Ellos son legalistas.

La suegra curada, en gratitud, se convierte en la primera discípula mujer de Jesús y de sus discípulos. El Evangelio no asegura que ella “les servía”. Ella aprendió más rápido que Pedro a mostrar la gratitud por la fe sanadora por medio del servicio alegre y sincero a la comunidad.

Entre los griegos (no sólo entre ellos), el servicio era una cosa indigna. El lema común era: Dominar, no servir. Eso era lo característico del ser humano. Para el griego, el fin de la vida humana está en el perfecto desarrollo de la propia personalidad. Por lo tanto, le resulta extraño todo sentido de servicio al prójimo.

En la actualidad no distamos mucho de ese pensamiento griego. Hoy se busca estar en forma física (fitness), preparados para el mundo global con el manejo diestro de los medios tecnológicos. Se pretende buscar modos de hacer dinero, con la menor fatiga posible. Por consiguiente, prestar un servicio por mera voluntariedad, es cada vez más repulsivo.

LA ALEGRÍA QUE VIENE DEL SERVIR

El acto verdaderamente innovador es la valoración moral que el narrador hace de los personajes, particularmente de la mujer. Vale más “servir” que “ser servidos”. El mismo Jesús lo va a referir de su persona: “El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir” (Mc 10,45).

El libro bíblico de Hechos de los Apóstoles 20,35 nos transmite unas palabras de Jesús que no aparecen en los evangelios: “Hay más alegría en dar que en recibir”.

La mujer responde como verdadera discípula de Cristo y transforma su casa en la primera de todas las “Iglesias”. Luego vienen narradas otra serie abundante de curaciones.

Jesús cura a los enfermos y endemoniados, pero no permite que ellos propaguen de manera abierta sus acciones, porque quiere evitar que lo identifiquen con un mago curandero.

La gente agradecida quiere retener a Jesús. No quiere que se vaya. Están muy a gusto con Él. Sin embargo, Jesús no quiere ‘ser poseído’, ni controlado, ni encerrado, aunque sea por un sentimiento de cariño y de aprecio.

Hay que ir por la gente donde está, sin dejarse engañar por el espejismo del apostolado. El Evangelio requiere un “servicio” itinerante, no acomodado ni confortable.

Él se abre camino. Rompe con la atadura que le quieren poner, y despliega un tipo de programa misionero creativo, que funda en la experiencia del mismo Dios que le ha enviado.

En efecto, el Evangelio nos señala que Jesús se fue a “un lugar solitario, donde se puso a orar”. Con la oración, Jesús se conecta con la escena del Bautismo (Mc 1,9-11), donde se reconoce con en su identidad: es Hijo de Dios. Su vocación es hacer la voluntad del Padre, y no la propia.

¡Vivamos la gratitud en familia!