lunes , 22 octubre 2018
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Homilía, domingo 22 de octubre

SER TESTIGOS DE LA MISIÓN

En este mes de octubre, mes de la misión, nos hemos alegrado por la canonización de los niños mártires de Tlaxcala. Esa ceremonia fue encabezada por el Papa Francisco, en Ciudad del Vaticano, el domingo pasado.

En esta atmósfera, los niños Cristóbal, Antonio y Juan nos impulsan a vivir la fe “en salida”, en actitud de misión. La fe se comparte. Una fe que se guarda y no se hace pública, se enrarece. Ellos murieron por anunciar y defender la fe, que habían recibido por la misión de los dominicos y franciscanos

La misión es el envío que hace Cristo a sus apóstoles (Jn 20,21). A su vez, lo hace la Iglesia con sus misioneros. El envío misionero del Señor incluye el llamado al crecimiento de la fe. Así queda claro que el primer anuncio debe provocar la evangelización también busca el crecimiento. La evangelización no debería consentir que alguien se conforme con poco, sino que pueda decir plenamente: “ya no vivo yo, sino que Cristo quien vive en mí” (Ga 2,20).

La misión lleva a la conversión. El cambio de vida favorece el acercamiento del creyente al modo de obrar del Padre. En el Evangelio leemos: “Para que vean sus buenas obras y alaben a su Padre que está en el cielo” (Mt 5,16). Las buenas obras no son cualquier tipo de comportamiento, sino la vivencia de las bienaventuranzas. Ese es el auténtico misionero-testigo, el que construye la fraternidad.

IGLESIA “EN SALIDA”

Esta reflexión la dividimos en tres partes. La misión parte de la Iglesia, se realiza a través de la Iglesia y para la Iglesia, y su meta es la Iglesia en este mundo mismo.

a) La misión parte de la Iglesia: La misión tiene su origen en la Iglesia. La Iglesia es una comunidad de amor en el Espíritu Santo para la salvación de los hombres y para la gloria de Dios. Ese amor original tiene una marca: el amor de Dios a los hombres lleva el nombre de Jesucristo, que une a Dios y al hombre La Iglesia es el kerygma de la “salvación en Cristo” que murió y resucitó para todos los que creen en él. A la Iglesia se le han confiado los sacramentos y ella los administra. La autoridad que recibe la iglesia es una obra de servicio. En estas tres dimensiones: fe, sacramentos y jerarquía, se realiza la misión.

b) La misión es misión para la Iglesia: Los pasos que se siguen en el trabajo misional son:toma de contacto con los misioneros, con la población por medio de las obras buenas o la actividad educativa; predicación del Evangelio que a veces es implícito, otras veces explícito. Es guiar a los hombres a Cristo, meta de la fe; es educar a los creyentes para “hacerlos discípulos”.

c) La misión se produce a través de la Iglesia: La comunidades más enraizadas tienen el deber de misionar. Una Iglesia que en su intención y función fundamental no fuera universal ya no sería la Iglesia de Jesucristo. La inamovilidad sería el signo de la muerte. El amor misionero tiene su fundamento en los sacramentos, que recibe cada individuo, y su expresión en las diversas funciones que corresponden a cada uno, en el “misterio” del amor que lo abarca todo.

Finalmente, la razón última de la misión es suscitar una fe que salve y que haga experimentar la salvación. Por eso Jesús asegura a sus discípulos autoridad (poder) para propiciar tres efectos: Hacer disminuir el mal (expulsar demonios), el rompimiento de barreras (hablar lenguas nuevas) y aliviar (imponer las manos sobre los enfermos).

¡Envíanos, Señor, para llevar tu Palabra!