miércoles , 18 octubre 2017
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Homilía, domingo 22 de febrero

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CUARESMA, TIEMPO DE PRUEBA

Después de haber celebrado el Miércoles de Ceniza, iniciamos el camino santo de la Cuaresma, tiempo privilegiado para discernir nuestra respuesta y preparar (ejercitar) nuestra decisión. El signo sacramental de la ceniza, nos indica ya, que en la vida tenemos que aprender y caminar de la realidad humana: somos polvo, pero con aliento y espíritu divino.

Este I Domingo de Cuaresma, el texto evangélico de hoy, Marcos 1, 12-15, se une la teofanía del Bautismo de Jesús (precedente) con la tentación de Satanás. Jesús es empujado al desierto, el lugar de la prueba por excelencia. Es el Espíritu de Dios quien impulsa.

Son cuarenta días de prueba. Similar al tiempo de purificación que vivió el pueblo de Israel en el desierto, al salir de Egipto. También, cuarenta días pasó Moisés en la montaña santa (Ex 34,28) y el tiempo, que el profeta Elías tardó para caminar por el desierto (2Re 19,1-8).

A diferencia de los otros dos evangelistas sinópticos (Mateo y Lucas), Marcos ignora los motivos concretos de la tentación (pan, pode, milagro). Escuetamente, sólo refiere: “Fue tentado por Satanás”.

Satanás aparece al inicio del Evangelio porque él estará siempre presente como antagonista de Jesús. El antagonista sólo es un “indicador” de los poderes perversos que se adueñan del hombre.

Jesús es el Nuevo Adán. Es sometido, como verdadero humano, a prueba por el tentador. Pero, el Hijo de Dios va a invertir la respuesta del primer Adán. No va a ser vencido, sino vencedor. Con su victoria, abre una historia llena de positivismo y esperanza.

Ante la tentación, Jesús está solo. No le acompaña Juan El Bautista, ni los discípulos. Sólo las fieras del desierto. Él tiene que enfrentar ‘solo’ la prueba.

Esta misma soledad se explicita como una experiencia de fuerte compañía “espiritual”: Dios le sostiene, su Espíritu le impulsa en el camino de la prueba y le rodean los signos de lo bueno (ángeles) y malo (Satanás)

¿CÓMO JESÚS VENCE A SATANÁS?

Si hacemos caso al texto evangélico, ni los ángeles ni Satanás son protagonistas en la narración. El único protagonista es Jesús, el hombre nuevo. Satanás expresa una forma de comportarse mala; es decir, servirse de los demás y usarlos para provecho propio. Esa es la prueba a que somete la tentación.

En cambio, los ángeles expresan la decisión de servir a los demás hasta la donación de la propia vida (cf. Mc 10,45). Así, Jesús se erige como Nuevo Adán, invierte la opción decisional tomada por el primer Adán. Allí reside la bondad del comportamiento.

Cuando nosotros pervertimos la vocación de servicio como donación de la vida, nos volvemos diablos, opositores, satanes. Y en verdad, podemos pervertir la vocación y pervertirnos, transformando el reino de la gracia de Dios, en campo donde triunfan y se imponen los propios privilegios.

El breve texto de Marcos tiene muchos parecidos con la narración de Gén 2 y 3. He aquí algunos:

– El Espíritu “arroja” a Jesús en el desierto, como el espíritu que Dios sopla a Adán para que sea capaz de discernir y decidirse.

– Las fieras habitan el desierto. Jesús no está en soledad total; ellas le acompañan. Las bestias las hizo Dios para que Adán las nominara y las dominara.

– Satanás se hace presente con su tentación desde el principio en las dos historias, la de Adán y la de Jesús.

– Los ángeles se ponen al servicio de Jesús, le consuelan. En cambio, Satanás atosiga, tienta, busca la descomposición y la destrucción del hombre.

– La tentación no se circunscribe a “cuarenta días”. Ella continua más allá de los 40 días de experiencia en el desierto.

¡Vivamos con espíritu la cuaresma!