jueves , 14 diciembre 2017
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Homilía, domingo 11 de enero.

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BAUTIZARSE ES SER “HIJOS DE DIOS”

El bautismo de Jesús, según la narración del evangelista san Marcos (1,9-11) es una experiencia vocacional, similar a las vocaciones bíblicas de los profetas Isaías (6,1-13) y Jeremías (1,4-19).

Jesús es bautizado en un lugar abierto al público; no lo hace a puerta cerrada en un espacio privado. Muchos ven y oyen las acciones y las palabras del Bautista.

Sin embargo, también, el Bautismo de Jesús es una experiencia privada, de profunda intimidad, puesto que es un encuentro estrecho y personal con Dios.

Jesús es el único que “ve”: descubre el cielo abierto y reconoce la presencia del Espíritu Santo. Es, Él, también, el único que “escucha”, al menos en sentido intenso, la voz de reconocimiento filial del Padre y la vocación que le llega directamente, y le dice: “Tú eres mi Hijo amado”.

El Salmo 28 señala, proféticamente, algunos elementos que se manifiestan en la escena del Bautismo de Jesús. En primer lugar, habla de “la voz del Señor”; luego enfatiza que esa voz “se deja oír sobre las aguas torrenciales”.
Es una voz poderosa e impotente. En ese pequeño versículo aparecen los dos elementos del Sacramento: el elemento (agua) y las palabras (la voz).

Es tan potente y magnífica la Voz de Dios, que el ser humano pecador (no es el caso de Cristo, sino de nosotros) es transformado en un hijo purificado por la gracia de Dios y por la potencia del Espíritu Santo. Del tal manera que, después de nuestro bautismo podemos llamar a Dios “Padre”, pues somos sus hijos (cf. Gal 4).

El bautismo es, pues, en el Evangelio de Marcos una escena de vocación y nacimiento. Jesús nace de Dios, es el Mesías esperado. Es el Unigénito, engendrado no creado, como recitamos en el Credo.

El bautismo es una narración vocacional, pues en Cristo, el Padre viene a hacerse presente del todo entre los hombres. Antes, Dios había hablado a través de los Patriarcas, como Abraham, o por medio de los profetas. Ahora, Dios habla a través de su Palabra definitiva, el Hijo bien amado, “en quien tiene sus complacencias”.

En otras palabras, Dios se desvela en Jesús de una manera total y definitiva, como lo va a reconocer el autor de la Carta a los Hebreos. Los profetas eran “siervos” fieles y leales que acogían el mandato de Dios y lo cumplían. Jesús, empero, es “Hijo”, y a Cristo le encomienda el Padre la salvación de todos los hombres.

SER BAUTIZADOS ES SER FIELES A DIOS
Para ser bautizados, no basta sólo ir a la Iglesia y dejar que escurra un poco de agua. Ser bautizados, como Jesús, significa ser fieles a la voluntad de Dios. Para eso se requiere: valentía y tenacidad para no conformarse a la mentalidad del mundo, para no dejarse seducir por los señuelos poderosos de la vida fácil y acomodaticia.

El bautizado en Cristo Jesús debe prepararse para sobre llevar las incomprensiones por vivir en coherencia a la fe revelada y, también, para permanecer anclados en la comunidad, no obstante los escándalos y desánimos, que al interno de ella, puedan suscitarse.

Finalmente, el bautismo recibido por un mismo y único Espíritu, nos debe llevar a construir la unidad, y vencer el individualismo y el prejuicio, superando toda rivalidad y división.

¡Feliz domingo familiar!