lunes , 22 octubre 2018
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Graciela, una historia de vida…

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Nombre: Graciela
Edad: 44 años.
Delito: Complicidad en privación ilegal de la liberad en la modalidad de secuestro.

Estado actual: En proceso en espera de sentencia.

Cuatro años han transcurrido desde que Graciela escuchó ese ruido metálico que no la abandona cuando por vez primera se cerró frente a ella esa reja que la separaba de su libertad. Hoy con más calma y ya dominando sus miedos recuerda una vez más aquella noche en la que traspaso un umbral del que aún no ha podido salir.

Graciela nos concedió una entrevista, una charla en la que abrió su corazón y desnudo sus sentimientos para dar testimonio de lo que uno puede vivir si se aparta del buen camino o se junta con malas compañías. Temerosa esa mujer de rostro un tanto adusto acompañada de dos custodios llegó a la oficina de la directora del penal, portaba el uniforme en color naranja con letras en negro, maquillada y bien peinada, lucia uno aretes que ella misma fabricó, se sentó, nos miraba y se estrujaba las manos, estaba muy nerviosa.

Esa mujer fuerte que ha enfrentado la dureza de estar en un centro de reinserción social y que ha forjado su carácter dentro de estas circunstancias tenía miedo y seguramente no sabía a qué. Así comenzó primero la plática y la entrevista después. Sentados en la dirección, Graciela narra cuales han sido sus experiencias desde este lugar, sus pesares, los que le quitan el sueño y su mayor anhelo que es su nieto de apenas dos años del que le duele no verlo crecer debido a la consecuencia de las malas relaciones, Graciela da inicio a su historia, historia que le ha dejado marcada la vida, la que la dejo en Shock

La primera pregunta se lanzó: ¿tu primer recuerdo?, si te digo que es lo que recuerdas del primer día que llegaste aquí al cerezo.

Graciela: Si lo recuerdo, yo llegue en la noche, yo llegue y cuando vi fue un shock.

Pregunta: ¿Qué te viene a la mente cuando sentiste que pasaste por primera vez ese pasillo, sentirte dentro de esa celda, enfrentar que tenías que administrar una parte nueva de tu vida, que ibas a conocer lo que ya conoces pero no sabías a lo que te ibas a enfrentar?

G: Cuando llegue no pensé en la magnitud del problema, lo primero en lo que pensé al llegar a este lugar fue en mi hija que dejaba, mi hija que dependía totalmente de mí.

Con lágrimas que recorren su rostro Graciela recuerda a su hija y su nieto, el cómo sería pasar un diez de mayo fuera de estas rejas, tiene los sentimientos a flor de piel, ya que asegura que por sus errores se está perdiendo de todas estas experiencias que ahorita pudiera estar viviendo, pero por estas vivencias se ha convertido en una Graciela más fuerte para enfrentar muchas cosas.

P: Estamos precisamente en el mes de las madres, varios días de las madres que no pasas con tu hija, un día me imagino que complicado, un día que vuelve a mover los recuerdos y sentimientos, hoy que te dicen estas experiencias que has vivido.

G: He tenido muchos aprendizajes, tanto puede ser el aprendizaje de dejar todo lo material en cuanto a lo laboral, yo creo que espiritualmente uno va creciendo, uno entiende que todas las pueden cometer errores, y que el estar en una cárcel no necesariamente tiene que ser porque tú seas culpable, puedes estar es una cárcel y puedes no ser culpable de lo que se te acusa, entonces yo creo que en lo familiar si me dolió mucho, me duele no poder estar alado de mi hija apoyándola, ahorita mi hija es madre soltera y tiene un bebe de dos años y si es bastante difícil que ella solita se haya enseñado a ser mamá sola, pero creo que ya es otra etapa de mi vida, que es algo más humanitaria y te das cuenta que todas las personas pueden cometer errores y que en la vida te suceden cosas difíciles que tu no las prevés pero que todo eso pasa con el único propósito de hacerte más fuerte.

P: ¿De qué te arrepientes?

G: Pues de llegar a esta lugar no me arrepiento, creo que el estar en este lugar me enseño muchas cosas, me hubiera gustado haberme dado antes la oportunidad de conocer a mucha gente que ahora está en estas circunstancias, sí me arrepiento de haberme relacionado con personas que no eran las correctas y por eso llegue aquí, que pude haber llegado como muchas otras personas que vienen yo admiro el valor, porque vienen muchas personas a visitarnos.

Cometa que su llegada fue muy difícil porque ella nunca pensó que se encontraría en esta situación, nunca pensó que necesitaría la visita voluntaria de alguien, la visita que ella se negaba a dar cuando tenía la oportunidad.
Arrepentida de haber juzgado sin darse la oportunidad de conocer a quien en ese entonces estaban tras las rejas, a quienes pudo haberles brindado una palabra de aliento, una palabra que los ayude a continuar en ese largo camino que le dejaron sus errores, ahora valora las actividades altruistas que realiza el Club de Leones a quienes les agradece que se tomen su tiempo de visitarlas a pesar de que no las conocen y aun así se pierden de un momento con su familia para pasarlo con ellas.

Mientras los recuerdos corren por su mente, Graciela menciona que alguien le quiso hacer ver que las personas con las que se juntaban no eran unas buenas amistades, pero ella no sabía de qué hablaban, no sabía que esas amistades la llevarían hasta donde hoy está, -no voy a olvidar que me dijeron las malas compañías corrompen las buenas costumbres y que cuando te juntas con personas incorrectas te puede afectar-, reconociendo que si hubiera hecho algo mejor no hubiese estado en un centro de reinserción social.

P: El primer encuentro con su familia ya como interna.

G: Me dolió mucho que mi hija me encontrara en este lugar, porque después de Dios, para mí mis hijos son lo más grande y más importante, entonces el saber que tenían que llegar hasta aquí por mí me dolió en ese momento y me sigue doliendo, a veces quisiera que ellos no llegaran a este lugar, pero ellos me dicen –no mamá, te queremos ver, queremos estar contigo- ahorita que tengo mi nieto le digo que no quiero que él bebe tenga que pasar por todo esto y me dice tienes que verlo, el niño te quiere ver, entonces digo, por no mirar por dónde caminas y ni con quien caminas llegas a estas circunstancias.

P: Si pudieras cambiar una parte de tu historia ¿Qué cambiarias?

G: Cambiaria estar en este lugar obviamente así como estoy, me gustaría haber llegado de visita apoyando con lo que se pueda, porque aquí adentro hay gente que sí lo merece y lo valora la ayuda que viene de afuera.

P: Piensas ese momento cuando te notifiquen de tu libertad.

G: Muchas veces he pensado ese día y como lo voy a enfrentar, digo –Dios ¿Cómo lo voy a enfrentar?, ¿Qué voy a hacer, en donde voy a conseguir ayuda?- me da más miedo salir que estar aquí, me da terror pensarlo.

P: ¿Has pensado que es lo primero que vas a hacer cuando salgas de aquí?

G: Sí, ir a darle gracias a Dios.

Graciela no permite que estar en San Francisco Kobén la derrote, ella aprovecha cada oportunidad que la vida le da y menciona que esta es una de esas oportunidades, una oportunidad que le da herramientas para el momento que quede en libertad, oportunidades para superarse personalmente, para salir adelante, por ello dice estar agradecida con la autoridad que le ha brindado todo el apoyo desde aquella noche que le cambio la vida, afirmando que el lugar no le impide aprovechar las cosas buenas:

“Aquí no nos tratan mal, nos dan todo el apoyo, no podría pedir más, quien lo sabe aprovechar lo aprovecha y quien no lo hace es porque eso va en la persona es como cuando llevas a tus hijos a la escuela, él que quiere estudiar estudia y él que no aunque tenga los mejores maestros no va aprender porque no quiere”.

Graciela manda un mensaje a esas mujeres que están en la calle y por alguna manera están en situación de riesgo o están involucradas en hecho no legales

Yo les diría que piensen, todos tenemos una familia, porque los que tienen hijos, y los que no tienen hijos tienen padres, hermanos y yo creo que si amamos a nuestras familias tenemos que pensar y si nos amamos a nosotras mismas”.

Y a la sociedad le dice: “Que hagan lo correcto, yo les diría que pensemos bien las cosas, que luchemos por lo que verdaderamente es valioso como la familia y que tratemos de caminar correctamente, pero también que no olvidemos que en lugares como estos no solo hay delincuentes, también hay seres humanos que muchas veces aunque hayan incurrido en actos delictivos, también es una persona que se arrepiente, porque aquí es un mundo de historias, cada persona es una historia diferente y hay quienes dicen si lo hice pero me arrepiento, yo creo que para no llegar a esto primero necesita de Dios y luego necesita el amor por la familia y tratar de mantenerla.

Hoy Graciela trabaja por un sueño, un sueño que reconoce la aterra pero para el que se prepara en el momento que recobre su libertad porque ella quiere ver crecer a su nieto y que su hija termine su carrera. Graciela ya conoce el amargo sabor de no poder estar con la familia en esos momentos “en los que tú necesitas estar con ellos y ellos necesitan estar contigo”, lo conoce porque cuatro años han transcurrido desde que escuchó ese ruido metálico que no la abandona cuando por vez primera se cerró frente a ella esa reja que la separaba de su libertad.

Gracias Graciela por permitirnos estar contigo y abrirnos tu corazón.

Fotografía: Iván Rea Sunza.