domingo , 19 agosto 2018
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Héctor Manuel Rea Huicab

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Ejército ¿desprestigiado?

Cierto es que la corrupción en México ha trastocado todo, nadie absolutamente nadie se ha salvado de este cáncer social. A diario conocemos nuevos casos, nuevas formas nuevas víctimas de esta práctica que coronada con la impunidad nos golpea el rostro a diario desde cada mañana.

Sin pretender registrar un México sin retorno que haya tocado fondo, me parece necesario reconocer sin aceptar lo que está pasando en nuestro suelo en el que cada vez más nos sorprendemos por las dimensiones y los niveles en los que la corrupción tiene derecho de picaporte.

Una de las instituciones en las que más se confiaba por su honestidad y lealtad a la patria y a los mexicanos era el Ejército Mexicano, un ejército que en estos días se encuentra inmerso en un mar de dudas y desconfianza de muchos compatriotas, un ejército al que se le responsabiliza de corrupción,  de abuso de autoridad, de desapariciones forzadas y narcotráfico.

Un ejército que involucrado en escándalos de grandes dimensiones como el que protagonizó en el 1997 el tristemente célebre General José Jesús Gutiérrez Rebollo por brindar protección al narco, en especifico al “Señor de los Cielos”, un Ejército que ha sido manchado por episodios como el del 68 en Tlatelolco, en los más recientes el de Tlataya y Ayotzinapa solo por mencionar algunos.

Pero si vamos a ser críticos por principio debemos de ser justos, porque nada o muy poco se dice de quienes sacaron al Ejército de sus cuarteles sin tener la preparación para las nuevas tareas que le eran encomendadas, sin el marco jurídico que los proteja y nos proteja en su accionar. Como sociedad somos fácilmente manipulables por quienes pretenden y manejan la historia a su antojo con los hilos del poder que les permite dirigir como si fuésemos marionetas.

Del 68 se habla y se señala al Ejército, que si disparo, que si acosó, que si desapareció pero que decimos del responsable o unos de los principales de este hecho que hasta hoy lastima, hablo de Luis Echeverría Álvarez a quien luego hicieron presidente continua cobrando a costillas de un pueblo agredido y no respetado su jugosísima pensión como la viuda de su sucesor famosa en películas de ficheras.

Cierto es que en sus nuevas tareas para la que no son formados sus elementos cometen abusos que no deben ni pueden ser permitidos porque por principio deben ser defensores del pueblo, lo grave es que hoy el ejército ha salido de sus cuarteles, vemos el despliegue militar a lo largo y ancho del territorio nacional mientras que sectores de la sociedad –que en su mayoría no han sentido el yugo de la delincuencia-, piden que regresen a sus cuarteles pero de ser así quién haría esa tarea que realizan por la podrición que ha trastocado las fuerzas policiacas municipales, estatales y federales.

Medidas que sin duda provocó tener un Ejército con una imagen lastimada con verdades a medias y mentiras completas como estrategia para distanciarlo del pueblo como para buscar que la sociedad ya no respalde a sus fuerzas armadas y la pregunta sería ¿a quienes conviene que esto suceda?

Porque no hay que dejar de observar y valorar la otra parte, la de la seguridad que brinda en momentos de desastres de cualquier tipo, de la garantía a la soberanía nacional, la parte humana de las fuerzas armadas la que también está cerca cuando se les necesita, la que llega cuando otros no responden al llamado, la que es admirada en los desfiles cívicos-militares.

Necesitamos un Ejército moderno que responda a las necesidades que nos plantea el entorno, una institución militar reformada de fondo, con nuevos procedimientos para reclutar y formar a sus hombres y mujeres, con un marco jurídico para estas tareas para que dejen de ser acciones de improvisación y pasen a ser verdaderas políticas de seguridad estratégica.

heman1968@hotmail.com @Hreahuicab