lunes , 22 octubre 2018
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La otra opinión, Francisco Javier Vázquez Burgos

La pepena morenista

Mientras que los precandidatos de las alianzas “Todos Por México” que forman el PRI- Verde – Panal, y “Por México al Frente” que constituyen el PAN- PRD-MOCI, suman, en su mayoría, cuadros prestigiados a sus equipos de campaña para tratar de mandar un mensaje positivo al electorado, la coalición “Juntos Haremos Historia” que integran MORENA-PES-PT, incorporan a su causa a lo peor de la clase política en la historia contemporánea de México, convirtiéndose en pepenadores, indicativo de debilidad y de una derrota inminente.

Alguien que cree que va a ganar porque que tiene el apoyo ciudadano para la contienda electoral no establecería acuerdos con gentes que han sido pilladas recibiendo dinero, – señor de las ligas, Imaz, entre otras; ni con ex alcaldes ni políticos ligados al narco y a la muerte de los 43 de Ayotzinapa, que extrañamente, aunque los responsables están detenidos, los padres, -según que muy pobres- siguen recorriendo todo el país, prestándose para ser utilizados por algún grupo político para golpear al sistema, lo que supongo no es gratis, venden la sangre de sus hijos.

Hay más gentes ligadas al crimen organizado en el equipo de AMLO, algunos delegados como el de Tláhuac, otro sujeto de Nayarit, amigo del ex fiscal de esa entidad, quien está detenido en Estados Unidos acusado de narcotráfico. La lista es interminable, quizás por esa gran cantidad de amigos en ese equipo oscuro es que surgió la propuesta de Amnistía, podría ser parte de un acuerdo, perdón anticipado a cambio de financiamiento.

Tampoco se entendería de alguien que piensa ganar que sume a su equipo a políticos ligados a exgobernadores verdaderamente despreciados como el de Puebla, Marín, o con personajes del pasado oscuro de México como Bartlett, Layda, Monreal, o con tránsfugas del PRD como Barbosa, que nada representan, que son acomodaticios al mejor postor o del PT, algunos ligados a grupos de lavado de dinero. De Campeche también se suman algunos corruptos ex funcionarios, que si los investigaran estarían en prisión, como el ex secretario estatal de pesca, Ramón Ochoa, títere del embajador mexicano en Paraguay, traidor del PRI, el ex gobernador de Campeche Fernando Ortega, muy amigo de Layda Sansores.

Menos debería aliarse con personas como Miguel Torruco, consuegro de Slim, multimillonario que se benefició con Telmex en los tiempos de Salinas, menos debió sumar a su grupo a Marcos Fastlicht, suegro del dueño de Televisa; con la gente de TV Azteca también coquetea, añadió a su causa a Esteban Moctezuma, ex secretario de Gobierno con Zedillo, ex priísta, y también sumó a Alfonso Romo, todos amigos de Salinas de Gortari.

La última adquisición de AMLO es el nieto de la maestra Elba Esther Gordillo, -considerada como lo peor de lo peor del charrismo sindical del magisterio, de todos los tiempos- René Fujiwara, y hay más gentes con negros antecedentes, ahí están de Quintana Roo, Greg Sánchez, y algunos colaboradores del exgobernador Roberto Borge, como Marybel Villegas, entre otros.

Aseguran los morenistas que están sumando a todas las personas que quieren un cambio para evitar que la Mafia del poder se robe las elecciones presidenciales del 2018, pero parece ser que la mafia del poder está mudando de siglas y ahora han encontrado acomodo en Morena.

El cinismo de los que dicen que quieren hacer historia no tiene límites, han hecho todo lo que critican; es inentendible que haya personas que les creen a estos señores que luchan contra la corrupción, que van por un cambio, cuando la corrupción la encarnan y representan, y el único cambio que promueven es el de siglas, lo que quieren estos personajes es regresar al poder que tanto les ha dado, se aferran al pasado. Colocar a estos señores de Morena en el poder es como poner al lobo a cuidar las ovejas.

No hay diferencia entre los que llama Morena la “Mafia del Poder” y los morenistas. Si al caso existiera alguna diferencia sería que los mafiosos de Morena son peor que cualquier pillo de otro partido y su indeseable llegada al poder sólo representa la continuidad de la descomposición de las instituciones del estado mexicano.