martes , 21 agosto 2018
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La otra opinión, Francisco Javier Vázquez Burgos

Francisco Vazquez Burgos
2018, un volado
 
Resulta ridículo, aventurado y  poco serio que  varios partidos, a partir de los resultados electorales de la jornada pasada, pretendan imaginar un escenario político favorable para el 2018, sin considerar todas las variables que se pueden presentar como  rupturas, alianzas, recomposiciones, comportamiento internacional de la economía, variación del precio del petróleo, tasas de interés y tantos otros factores, como estos tres últimos que  no son elementos manejables por los institutos políticos.
La idea de los de doble moral y de los violentos- azules y morenistas-   de que pueden ganar la presidencia de la República por los resultados que obtuvieron el domingo pasado es en verdad aventurado;  recordemos que en política  no hay lógica, dominan las emociones, hay sucesos inesperados que pueden influir en el sentido del voto, y hasta una campaña de medios -buena o mala- puede influir en los resultados, lo mismo que  la forma en que se dé la selección de los candidatos.
Si hubiera lógica, si la gente razonara su voto, el PRI no estaría en la presidencia, pero quien sabe si la gente votaría por unos doble moral o por unos violentos, o por un amarillo pálido; la verdad que no logro imaginar qué tipo de nación tendríamos. Supongo que una mucho mejor  comparado con la que ahora vivimos.
Vamos por partes. Los panistas celebran sus triunfos, pero acaso hubieran ganado lo que obtuvieron sin el voto amarillo. La respuesta categórica es no. En el peor escenario el PRD aportó a esa alianza entre unos seis  y ocho  puntos, y el PAN ganó con dos o cuatro puntos.  En Veracruz y Quintana Roo nunca  hubiera ganado el PAN si el PRD no lo apoya.
Y en contraparte  Morena hubiera ganado Zacatecas y Oaxaca si en la elección  participaba en alianza con el PRD, y en ese escenario hasta Veracruz hubieran podido ganar. La derrota de Morena en Zacatecas y Oaxaca es culpa de Andrés Manuel López Obrador, sus odios no le permiten razonar adecuadamente y lo van a seguir perjudicando en el futuro.
Cómo pueden predecir  el resultado del 2018 si no conocen la forma en que se van a presentar a la contienda, – solos o en alianza-; también desconocen cómo resultarán los procesos  internos de selección de candidatos;  será que queden contentos todos los grupos políticos de un partido, será que no haya rompimientos, será que  las bases quedarán contentas. Y estas variables de aceptación del candidato no sólo dependen de las personas que postulen;  consideremos lo que esté ocurriendo en el escenario  político local o nacional, las condiciones económicas y sociales del momento en que se elijan candidatos o se  den las campañas, entre otros factores.
En el PAN, qué va a pasar con Felipe Calderón y Fox, si el candidato es Ricardo Anaya, lo van a seguir, o Calderón se irá con su esposa por otro partido o por una candidatura independiente, es incierto el futuro del PAN. También  hay que ver con mucha atención cómo se comportan los gobernadores electos por el PAN, influirá el trabajo que realicen, no solamente podrían no ayudar  a su candidato presidencial sino que inclusive podrían generar voto en contra. Y no se olviden del poblano, también quiere.  El PAN  se puede partir en tres y con eso se sepultaría.
En el violento partido Morena, su alianza con  la Coordinadora Nacional de los Trabajadores de la Educación (CNTE), nadie puede predecir qué va a suceder, cómo va a influir, pero supongo que a muchos miles de familias no les gusta que paren clases, que  realicen bloqueos, que  promuevan saqueos a tiendas como hacen en Chiapas, nadie quiere el caos que genera la violencia.
Crecieron en Morena, pero  maximizan sus resultados, no creo que tengan mucho que celebrar, después de  15 años de AMLO de estar en campaña; realmente debieron haber ganado en Oaxaca y Zacatecas; se supone que en Zacatecas había enojo contra el PRI y control de  la familia Monreal, y se supone que en Oaxaca Murat, decían los morenistas, nadie los quería, se quedaron en la orilla, como le paso en el 2006, cuando AMLO ya se sentía presidente.
Hay otros elementos que supongo que van a influir; los radicales morenistas no tenían ni cargos ni dinero que  pelear, pero ahora que los poseen qué va a pasar cuando AMLO les pida colaboración, lo van a seguir o tomarán su propio rumbo. Las bases morenistas cómo van a reaccionar cuando  pidan apoyo a sus  funcionarios de partido,  y se lo nieguen. Qué va a pasar cuando  se descubra que la educación es y seguirá siendo gratuita y que no se va a privatizar como dice la CNTE.
El PRI está en la jugada pese a todo,  el tricolor sabe que a pesar de los pésimos resultados que ha dado en materia económica, al desempleo, bajo salario, al hartazgo que produce en la sociedad que las mismas personas  del PRI figuren y se hereden los cargos, como los Manlios, los Gamboas, entre otros; pese a la impunidad, al pésimo trabajo de gobernadores como el de Quintana Roo, Veracruz o Chihuahua, está en la pelea por la presidencia en el 2018. No tiene lógica, pero es una realidad, los priístas siguen siendo el más partido con más presencia. Sin dar resultados, sin atender a la población siguen dando la pelea electoral, ¿Qué pasaría si de repente se ponen las pilas y hacen algo bien?
Pero además los chavos del 1999 y del 2000, que votarán en el 2018,  son muchos, pueden inclinar la balanza, y esos  se inclinan por el PRI, no quieren sumarse a los grupos de protesta radical, lo que quieren es empleo, crecer y ven que eso se los puede prometer el PRI, no sé si cumplir. El PRI deberá ir con un candidato joven, tendrá que mirar al sureste, a la tierra del Pan de cazón.
Vamos a los datos duros. El PAN va ganando en seis entidades, y Tlaxcala está en veremos; Morena está feliz con ser segundo lugar en Zacatecas y Tercero en Oaxaca y Veracruz, y en haber ganado en el DF, aunque  en la Ciudad de México  sólo voto  el 28 por ciento de los electores, lo que indica el hartazgo de la sociedad con los partidos políticos. EL PRI tiene cinco gubernaturas y pelea por Tlaxcala.
Si tomamos  estas elecciones como parámetro para predecir  el resultado de un proceso federal en el 2018,  a pesar del crecimiento de la alianza  PAN- PRD y de Morena,  el PRI  resultó ser el partido más votado. Pero analicemos el sentido del voto, por qué se da; para muchos el sentido del voto no fue contra las propuestas federales, el voto del electorado fue en contra de su gobierno local, contra los gobernadores, aunque es indiscutible que los petroleros con seguridad votaron contra el PRI,  y muchos maestros,  enojados por la reforma educativa que les afecta en sus pensiones, también se volcaron en contra.
Pero  considerando  el pésimo trabajo y la mala fama de los gobernadores de Veracruz y Quintana Roo, así como  las reformas,  los nulos resultados, la pobreza, el desempleo, los bajos salarios, la impunidad, la corrupción, el saqueo, las complicidades, es una hazaña  que el PRI haya obtenido  tan alto porcentaje electoral, era para  quedar en cero.
Pero no hay lógica en política, el dinosaurio está de pie,  lejos de morir como dicen sus adversarios, dará la pelea en el 2018, y tiene muchas posibilidades de ganar. Si los priístas reflexionan, a partir de los resultados del domingo, y se ponen a trabajar, tejen alianzas, manejan mejor  su política  de comunicación, lanzan mejores candidatos, construyen desde hoy, dan resultados los gobernadores y alcaldes,  generan empleos, si logran que se siente la mejoría en los bolsillos, en el 2018 podrían participar con más probabilidades de triunfo. Quien se debe olvidar de sus aspiraciones es Manlio,  quien deben irse son los Gamboa,  esas figuras están desgastadas y ya enojan a los propios priístas, o Marín en Yucatán, que no hace nada, pero quiere ser gobernador.
En estos momentos el proceso presidencial del 2018 es un volado, puede ganar cualquiera, y dependerá no de los resultados de la elección del domingo pasado,  sino del trabajo que realicen en los próximos meses y hasta la celebración de la jornada presidencial. Y eso que hay que considerar a los candidatos independientes.  No es catástrofe total para nadie -si al caso para Manlio-  y no es garantía determinante de  triunfo  para alguien.